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sábado, 10 de marzo de 2012

La cartita de Taki, mi hijo autista (parte II)


Por: Cecilia Shimabuku
Taki, su nombre es Takaya en realidad, pero para mí siempre será Taki, en el mes de enero cumplió 15 años, el día de su santo, viendo sus fotos de niño se me lleno los ojos de lagrimas recordando su niñez, ese niño terrible por el que lloré tantas veces suplicándole a Dios por escucharle decir la palabra “mamá”(aunque sea una sola vez,), ahora es un niño observador, me vio muy concentrada y lagrimeando entre sus álbumes de fotos, Taki rompió su silencio en el que siempre anda sumergido para preguntar: “doshitano?” (Qué te pasa?) Me contuve con desesperación y le dije “la alergia, la alergia a los ojos hijito” (pero parece que no se trago la mentira) entonces me pregunto nuevamente como ahora ultimo lo hace, aprovechando que lanzo la primera pregunta “porque estoy en un salón especial?” “porque no me sientan junto con los demás alumnos?”, “la mama de OOO no quiere que entre a su casa”, “porque mi tía dice que no juegue con mi primita, dice que la voy a contagiar”, tía: en general, dirigiéndose a alguien mayorporque? porque?… últimamente siento que me faltan palabras para poder explicarle el autismo sin dañar sus sentimientos, antes no hablaba y ahora pregunta y piensa en las respuestas que le doy, yo solo atino a decirle que él es un regalo que Dios me envió, “como tú no hay muchos niños, por eso es que eres diferente, eres especial, debes comprender eso, si hubieran más niños como tú, el mundo sería mejor, a los niños como tú los llaman especiales…los pocos siempre son especiales” me mira y me responde con un “ahhh”, si los autistas fueran mayoría, nosotros quienes nos consideramos “normales” seriamos los especiales, el mundo sería mucho mejor (luego le pido un abrazo, y lo hace con vergüenza) Yo, soy muy insistente siempre que le pido un abrazo, lo hace diciéndome “LOVE, LOVE yamete” (no pidas LOVE, LOVE) con cierto desgano me dice “te di muchos, cuando estaba chico, y también te bese mucho, te dije que te quería mucho no?” (No llores, no llores Ceci, contrólate…me digo y no lo abraces tan fuerte o se rompe)….cierto!!! Pues Taki era un niño faldero, le gustaba estar sentado en mis piernas, y colgarse de mi cuello, todo ese tiempo, que pensé que estaba encerrado en su mundo, estaba conectado, Taki, siempre estuvo conectado…
Hace unas semanas Taki estaba muy nervioso, el examen del ingreso al Kouko (secundaria superior) lo tenía un poco preocupado…empezó con sus movimientos, tic nervioso, yo rogaba que ingrese (ya no le ruego como antes a Dios, ya sé que anda ocupado leyendo tantos mensajes) cuando se encuentra nervioso, le da de reír sin razón, sus movimientos son tan rápidos y torpes que no llena un vaso de agua, yo termino limpiando hasta el piso.
Cierto día que regresaba del trabajo se me ocurrió utilizar la escalera y no el ascensor como de costumbre, encontré a varios niños mucho mayores que él, tal vez chugakusei (secundaria media) uno de ellos tenía a Taki contra la pared, el suplicaba “perdón, perdón…” entre una mezcla de risa y de llanto, creo que es la primera vez que grito a un niño quien no es mi hijo (por lo general soy pasiva, pero como cualquier madre me falto poco para convertirme en Hulk)
Esa época fue muy duro para Taki, por supuesto para todos en la casa también, recibía ijime (maltrato) de los niños de la vecindad, se le acentuó mucho este tic, y cada que siente presión o está nervioso, es muy notorio, pero quiero agregar que pese a eso nunca dejo de ir al colegio
En la última semana de febrero, fuimos a ver la lista de ingreso, y allí estaba su número, que felicidad!!! Mi hijito había ingresado al kouko (secundaria superior) qué emoción!!!...Taki es koukosei, no lo podía creer, (hasta ahora no lo creo, que felicidad! ese día me tome una botella de vino sola)
La siguiente frase inesperada fue; “y mi regalo”…”Taki, te conformas con un Mac Donald por hoy?” (que dialogo jajaja…) yo gozo mucho y soy muy feliz cuando se dirige a mí, aunque sean unas pocas palabritas
Ese mismo día por la tarde me escribió una tarjetita hecha a mano con una flor pegada en la pasta, decía: “okaasan arigatou, imamade gambattane” (“gracias mama por tu ayuda hasta el día de hoy”) como de costumbre, me puse a llorar, tanto, tanto que después no podía abrir los ojos
Esta tarjetita significa mucho, se que Taki quiso expresar palabras de gratitud no solo para mi, también para mis hijas y los abuelos, pues todos hemos ido caminando con Taki en cada una de las adversidades, Miyuri que es mucho mas débil de carácter le determinaron “utsubyou” (problemas de autoestima) por lo que termino la secundaria en una escuela particular, en realidad todo el entorno de una persona especial necesita ayuda profesional, en la cual me incluyo
Hoy mientras acomodaba el cuarto de Taki, descubrí un papelito doblado en una forma muy interesante, me llamaba la atención, yo muy curiosa quería saber que era, cuando lo abrí para verlo, Bikkuri!!! (Gran sorpresa, la mía) era una cartita de amor, (el contenido no lo cuento, porque no soy tan chismosa, poquito nomas…) OH MY GOD!!!...entonces recordé que el 14 de febrero, Día de San Valentín, Taki llego del colegio con una cajita de chocolates que misteriosamente lo escondía, cuando le preguntábamos de que se trataba dijo que una amiga se lo había dado, mientras que no contenía su sonrisita (sus grandes dientes blanquitos, de oreja a oreja) creo que yo estaba más emocionada que él (que alguien se enamore de mi hijo, es lógico!!! porque Taki es bien simpaticón) mi hijo ya es un jovencito, pronto conocerá lo que es amar, parte natural de la vida, aunque su amor no sea correspondido, espero que esa persona que reciba todo el amor cristalino de mi hijo autista, sepa valorarlo (esto solo es mi deseo de madre)
Yo no escogí tener un hijo autista, el tampoco me escogió como madre, el destino nos unió por alguna razón.
Muchos piensan como su padre que yo solo tengo ojos para Taki, si es cierto, mis ojos son para él, mi amor para los tres, mis hijas me enseñaron a ser madre, pero con Taki es distinto, por el, mi único camino es ser fuerte, luchar a su lado, valorar la vida, SONREIRLE cada vez que me mira a los ojos (ya me mira a los ojos, sus ojos tristones) termino pensando que yo soy la especial por tenerlo a él, y agradezco al destino por haberme escogido como su madre.



Nota.- Las imágenes son tomadas de internet por lo que es difícil saber su procedencia "En caso las imágenes violen algún derecho de autor, notificarnos para retirarlas".

jueves, 2 de diciembre de 2010

ANGELES QUE LADRAN

Por: Mimi Lou Mei


Hace pocos días le conté a mi esposo que había escrito un artículo acerca de la depresión bajo el nombre de pluma Mimi Lou Mei.  Espere que me contestase cualquier cosa excepto una de sus famosas ocurrencias: “…con un nombre como ese cualquiera estaría deprimido…”   Y aunque debo aceptar que la mezcla de esos tres nombres suena un poco a comida de chifa, cada una de ellas, Mimi, Lou, y Mei han sido mis tres grandes compañeras y mi mejor medicina en esta larga jornada de turbulencia emocional.  Es por eso que creo que les debo a ellas tres el mencionar que tome prestados sus nombres,los cuales son para mí el símbolo del más puro amor incondicional.
    Sin embargo, no soy solo yo quien se ha beneficiado del poder curativo de los perros.  Diferentes estudios en universidades de Estados Unidos, Australia, y China, han demostrado que el poseer una mascota ofrece grandes beneficios para la salud tanto física como emocional; y que los mayores beneficios los recibían especialmente quienes contaban con la compañía de un perro.
     Hasta hace poco se creía que los niños que crecían con animales en sus hogares tenían mayores probabilidades de desarrollar alergias; sin embargo, el Dr. James E. Gern de la universidad de Wisconsin demostró lo contrario: aquellos que habían sido expuestos a animales durante su primer año de vida tenían en la sangre menos índices alergénicos, lo que se traduce en una menor probabilidad de contraer algún tipo de alergia respiratoria e incluso asma. También se ha demostrado repetidamente que los niveles de colesterol, triglicéridos, y presión arterial son más bajos en las personas que tienen un perro en el hogar, y que dichas personas viven por lo general más años.
    En cuanto a los beneficios emocionales, basta decir que son numerosos y continuamente se descubren más.  Quienes sufren de depresión leve o moderada muchas veces son capaces de salir del estado depresivo con el solo hecho de tener y acariciar a un perro.  Esto se debe a que el contacto con la piel suave del animal hace que el cerebro produzca más serotonina y endorfinas, que son precisamente los neurotransmisores que los medicamentos antidepresivos incrementan en la sangre.  Los pacientes de Alzheimer tienen menos episodios de angustia emocional, y los niños con casos de autismo leve, muchas veces logran superar dicha enfermedad con la ayuda de los perros.
     Es cierto que los perros representan un gasto extra y horas de trabajo en sus cuidados.  Quienes tenemos perros sabemos por experiencia lo costoso que puede resultar una visita al veterinario o la cantidad de tiempo que pasamos bañando, cepillando, cortando unas y pelaje enredado.  Aun así, todo esto palidece en comparación a lo que los perros nos ofrecen: compañía constante, amor incondicional, y sobre todo el hecho de ser aceptados con nuestras virtudes y defectos.  No importa cuán difícil fue nuestro día en el trabajo o con cuánta gente nos peleamos durante el día.  Es imposible el mantener un estado de ánimo lúgubre cuando llegamos a casa y nos recibe una pequeña criatura que mueve la cola tan rápido que parece un helicóptero a punto de despegar.
     Mimi, Lou y Mei han estado conmigo en los momentos más difíciles de mi vida.  Ellas han estado allí cuando tuve que alejarme de seres queridos, tanto temporal como definitivamente.  Ellas estuvieron allí cuando llore o necesite de compañía y afecto.  Y aunque a Mimi la perdí hace ya más de tres años, Lou y Mei han sido las primeras en notar cuando mi depresión parecía estar empeorando.  Aun cuando trataba de fingir para no preocupar a mi esposo, Lou y Mei han tenido siempre un sexto sentido para saber cuándo necesitaba que me dejasen tranquila para recuperar mi equilibrio, o cuando me sentía tan sola que las necesitaba junto mí.  Y cuando caía en estados de apatía en los que solo quería dormir o leer para no pensar en nada, ellas llegaban a mí, demandando el que las sacase a caminar o jugase con ellas.  No importaba si me molestaba con ellas, las gritaba, o trataba de ignorarlas.  Ellas continuaban insistiendo hasta que me obligaban a moverme, salir de mi apatía y volver a conectar con el mundo exterior.  Es cierto que los medicamentos me han ayudado muchísimo, pero a las finales, creo que mi camino a la normalidad no hubiese sido posible sin estos dos angelitos de amor
     Y antes de terminar este pequeño tributo a mis angelitos que ladran, quiero narrar uno de los logros más grandes de Lou y Mei.  Los vecinos que viven en la casa del costado tienen dos hijos.  Una muchachita ya adolescente, y un niño de probablemente 7 u 8 años.  Este niñito es bello, de rulitos dorados y una sonrisa angelical.  Por alguna extraña razón, Lou y Mei se enamoraron de el a primera vista.  Cada vez que lo veían, corrían hacia el a saludarlo y tratar de lamerle la cara.  Aunque me preocupaba un poco ya que Lou probablemente pesa más que mi vecinito, y temía que lo tumbase al piso con su peso, también note que el padre sonreía y parecía agradarle el que su hijo interactuase con ellas.  Un buen día, cuando mi esposo se hallaba a la entrada de la casa con Lou y Mei, el niño se acercó a acariciar a mis angelitos  y le pregunto a mi esposo si podía colaborar con él y comprarle una rifa para una actividad de su escuela.  Sin pensarlo dos veces, mi esposo compro un boleto y luego se olvidó de ello.  Dos o tres días después, cuando el padre del niño se encontró con mi esposo a solas, vino a agradecerle con lágrimas en los ojos.  Lo que nosotros no sabíamos era que nuestro vecinito había sido diagnosticado con un tipo de autismo y por ello solo hablaba con sus padres.  No hablaba en la escuela, con profesores o compañeros, ni siquiera con su misma abuela.  Al parecer, el tener a Lou y Mei con él le proporcionaron el puente de comunicación que necesitaba para abrirse y hablarle a alguien más.  Desde aquel día, hemos oído que nuestro vecinito ha hablado con su abuela, y cada vez que ve a mis perritas, le habla a Lou.
     No sé si fue casualidad el que Lou y Mei se encariñasen tanto con él o si sencillamente presintieron que eran necesitadas.  Tampoco sé si en algún momento al niño lograra salir completamente de su estado de autismo.  De lo que si estoy convencida es que fueron ellas quienes facilitaron el primer paso.  Y aunque para muchos suene a locura, también estaré siempre convencida que Dios nos envía ángeles disfrazados de mil maneras para ayudarnos en nuestras vidas, una de ellas como pequeños ángeles que ladran.